Gone Girl (2014)

Gone Girl
Quizá debería empezar haciendo una confesión: No voy nunca al cine. Me pasé muchos años de mi vida saltando de una sala de cine a otra, pero en un momento dado se conjugaron dos circunstancias que me hicieron cambiar de hábitos. Por un lado, el cine se convirtió en algo realmente caro, y por otro, el 90% de las películas que veía me parecían una mierda. Así que no voy nunca al cine, o casi nunca, solo voy a ver ciertas cosas que vienen a reducirse a las películas de Steven Soderbergh, Nicolas Winding Refn, David Fincher y algún que otro actor.

No voy nunca al cine, pero ayer fui a ver Gone Girl (Pérdida, 2014). Leyendo esta mañana alguna que otra entrevista y crítica, llegué a un artículo sobre los «preposterous thrillers», una etiqueta que me hizo mucha gracia. Preposterous significa, entre otras cosas, «absurdo» y «ridículo». La autora del texto usa ese término para referirse a thrillers con tramas, giros y/o personajes altamente disparatados o inverosímiles. Entre ellos menciona Side Effects (Efectos secundarios, 2013) de Soderbergh.

Gone Girl es el reverso tenebroso de Side Effects. Aunque las historias no tienen mucho que ver, el problema llega en ambos casos cuando el cuento de hadas se cruza con la cruda realidad, y en ambos casos lo que parecía una cosa da un giro hacia otra, y hacia otra, y hacia otra… La diferencia es quizá que Side Effects tiene un tono más juguetón y que al final triunfa la «verdad»; en Gone Girl la cosa deriva hacia terrenos mucho más ambiguos y turbadores.

Si entre todo lo que se hace en Hollywood siento especial simpatía por Soderbergh y Fincher es por diversas razones, una de ellas que en todo lo que hacen hay siempre un poso que va más allá del simple producto de género. Gone Girl tiene muchas lecturas, pero en el fondo es una película que habla sobre la manipulación y las apariencias, tanto en el contexto privado como público. Los protagonistas se manipulan entre ellos y manipulan a otra gente, y la televisión los manipula, pero ellos también manipulan a la opinión mediática.

La película habla sobre cómo la infatuación del amor siempre deriva hacia el desencanto y el reproche, sobre cómo a veces nos resulta más fácil, o cómodo, permanecer en las cárceles que nos montamos nosotros mismos que ser honrados con lo que sentimos, queremos y hacemos. Y si todo eso ya es complicado por sí mismo, añade la presión familiar y el circo mediático capitalista y verás…

No voy a entrar en el debate de si es misógina o blablabla porque me parece muy maniqueo. Que a estas alturas sigan surgiendo ese tipo de cuestiones cada vez que aparece en una pantalla cualquier tipo de psicópata que no sea un hombre blanco es exasperante. Aparte, es injusto tratar a una película y unos personajes tan complejos en términos dicotómicos que no aportan nada.

Gone Girl no es perfecta, pero va mucho más allá de los géneros y subgéneros a los que pertenece y hace muchas preguntas sin dar ninguna respuesta, que es lo que vienen a hacer las películas que vale la pena ver.