Los títulos de crédito son una parte de toda película a la que pocos cineastas conceden la importancia que se merecen. No existen muchos libros teóricos referentes a este tema, y la mayoría de los que hay son títulos bastante recientes, escritos y pensados por y para diseñadores gráficos vinculados al mundo digital, no para estudiantes o directores de cine.
La función básica de esos títulos es meramente informativa, pero también pueden actuar como resumen, transmitir cierta actitud, humor, tono… En algunas ocasiones incluso se construyen como prólogo o para estructurar una secuencia anterior a la historia que se nos va a contar. Teniendo en cuenta que un film comienza desde su primer fotograma, o sea, desde el primer fotograma de los créditos, es vital usar esos títulos para construir una atmósfera que prepare al espectador, para introducirle en el ambiente y en las sensaciones que se desprenderán del argumento.
Muchos directores y productores no le dan importancia al papel que podrían desempeñar los créditos en sus obras; ruedan, montan, ponen la música, los efectos especiales… Cuando ya no queda ni tiempo ni dinero se acuerdan de los títulos, así que es inevitable que sean un añadido con un valor simplemente informativo —lo cual no sería un problema si se tratara de una decisión consciente y no de un producto de la desidia.
Popcorn time
Antes de que los títulos de crédito fuesen considerados una parte integral de la película, existía algo llamado Popcorn Time; un periodo en el que el público entraba en la sala de proyección, se sentaba, iba al lavabo, comía chucherías y charlaba. En aquel entonces los créditos no eran más que unas formas onduladas y totalmente ilegibles que aparecían sobre el telón que cubría la pantalla. El proyeccionista esperaba pacientemente al fundido de apertura de la primera escena —en aquella época se consideraba que ese era el punto en el que empezaba el film—, solo entonces abría el telón, y el público sabía que había llegado el momento de atender.
Primeros pasos
Originalmente las palabras escritas en las películas eran estáticas y se limitaban a ofrecer algún tipo de información, pero ya en 1899 George Meliès hizo los primeros experimentos con animaciones tipográficas en algunos filmes publicitarios.
En la época del cine mudo, especialmente a medida que el metraje de las películas se alargaba, algunos directores empezaron a preocuparse por predisponer al espectador para lo que iba a ver. El espectacular prólogo de D. W. Griffith para Intolerance: Love’s Struggle Throughout the Ages (Intolerancia, 1916) es un buen ejemplo, como el de Broken Blossoms (La culpa ajena, 1919); donde vemos unas cuantas frases escritas y escuchamos una música romántica todavía lejana. Intolerancia es especialmente importante en este sentido, porque es la primera película donde se usaron una serie de títulos como parte significante de la historia. Cada uno de esos títulos es una composición de palabras e imagen que presenta el período histórico que se muestra a continuación.
Con la llegada del cine sonoro, los productores de las películas de terror empiezan a usar los títulos de crédito para establecer la premisa de sus historias y causar una respuesta emocional en el espectador. Por ejemplo, en la primera versión de King Kong (1933) podemos ver unas grandes hojas de árboles de la jungla cuyo lento movimiento sugiere una atmósfera densa y misteriosa.
Desarrollo de la animación y del diseño
Entre 1920 y 1930 Walt Disney realiza múltiples progresos en el campo de la animación; suavizando los movimientos, sincronizando el sonido e incorporando el color. Estos esfuerzos en busca de perfección y realismo provocan una pequeña revuelta entre diseñadores y animadores que buscan romper las barreras creativas. De todas formas, no es hasta los años 30, con la llegada de la televisión y la industria publicitaria, cuando se empieza a experimentar realmente con las posibilidades de la animación de textos. Los animadores publicitarios comienzan a incorporar símbolos gráficos para crear sus mensajes, explorando por primera vez en la historia del diseño el uso de la tipografía.
¿Miedo a la experimentación?
Después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de todos los adelantos que se habían hecho en las industrias de la animación y del diseño, normalmente los créditos aparecen sobre un fondo estático, y si se usan imágenes en movimiento son simplemente descriptivas.
Algunas películas de género (terror, suspense, cine negro…) siguen usando los títulos para establecer la atmósfera de la historia y enganchar al espectador desde el primer fotograma. Un buen ejemplo es The Thing from Another World (El enigma de otro mundo, 1951) que usa un fondo negro que arde, literalmente, para revelar unos rayos de vibrante luz que penetran a través de las letras del título y llenan al espectador de suspense.
Artistas de las tipografías cinéticas
Durante los años 50 y 60, innovadores como Norman McLaren, Saul Bass y Pablo Ferro empiezan a usar técnicas de animación para crear composiciones e interacciones entre tipografía e imagen para anuncios, cortometrajes artísticos y títulos de crédito. McLaren desarrolló su actividad en el área de la animación experimental, Saul Bass se convirtió en el mejor creador de créditos de todos los tiempos, y Ferro se centró básicamente en el campo de la televisión.
En esa misma década los créditos se convierten en una moda y, gracias a los esfuerzos de cineastas como Otto Preminger, se consigue acabar con el Popcorn Time. A pesar de que el telón no volvió a cerrarse, los créditos acaban otra vez relegados al olvido unos años más tarde, en parte debido a la notoriedad e importancia que adquirieron. Se empezó a explotar la novedad creando títulos efectistas que solo buscaban asombrar al espectador, así que muchos directores empezaron a pensar que preocuparse demasiado por los créditos era una equivocación.
Problemas de realización
Hasta bastante entrados los años 60, casi todos los títulos se pintaban a mano con pinceles. Los diseñadores de créditos se enfrentaban a varios problemas, entre ellos que no podían usar los mismos tipos de letra que en publicidad. En realidad el espacio de un fotograma es muy limitado (normalmente se usa película de 35 mm) y las tipografías pequeñas y estrechas representaban un problema de producción.
Hoy en día la tecnología digital ha eliminado muchos de aquellos inconvenientes, y además ha abierto un nuevo camino para la experimentación visual, permitiendo a los diseñadores de títulos de crédito actuales jugar con diferentes técnicas.
Panorama actual
Los títulos de crédito son un área abierta a la experimentación desde hace más de 50 años, y una de las principales aplicaciones de la tipografía cinética; por lo tanto un atractivo campo de trabajo para los artistas y diseñadores más vanguardistas.
Actualmente existen varios artistas y estudios de diseño dedicados casi exclusivamente a la creación de créditos (en su mayoría son empresas americanas, como R/Greenberg Associates, Bureau o Big Film Design). Entre los nuevos diseñadores que han trabajado en este campo encontramos nombres tan reconocidos como David Carson. Sin embargo, y a pesar de las nuevas tecnologías, los resultados no suelen ser satisfactorios. En ocasiones la calidad de los títulos supera con creces a la de la película, y otras veces estos no son más que un despliegue de técnicas modernas que solo buscan el impacto visual.
Tres artistas
Pablo Ferro
Ferro empezó su rica e influyente carrera creativa en los años cincuenta como ilustrador de Atlas Comics Books. Después de una década plagada de éxitos empezó a darle vida a sus ilustraciones a través del cine, especialmente con trabajos publicitarios.
Este artista americano es básicamente conocido por usar una técnica de edición que más tarde se bautizó como quick cut (corte rápido), que consiste en reventar las imágenes con montajes rápidos y sucios. Veinte años más tarde esa técnica fue adoptada por la MTV como base de su estética, para representar el enérgico estilo de vida de la joven audiencia del canal. Por esta razón Ferro suele ser citado como «padre de la MTV».
Fue el primero en usar cierto tipo de técnicas, como hacer que el espectador fuese consciente del propio medio, huyendo de la claridad y de la representación de la realidad. Algunos de sus procedimientos más habituales eran rallar los títulos o escribirlos a lápiz directamente sobre el fotograma.
Actualmente Ferro sigue ejerciendo su trabajo de diseñador, colaborando con grandes estudios y productores. Su trabajo más famoso son los créditos para Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú, 1964) de Stanley Kubrick.
Saul Bass
El trabajo de Saul Bass fue precursor de una revolución en el diseño de secuencias de títulos de crédito, antes de su aparición nunca nadie había tratado el proceso de arranque de un filme desde un punto de vista fuertemente gráfico. De hecho, es el único diseñador de créditos de toda la historia del cine que ha conseguido que su nombre trascienda más haya de ciertos círculos de cineastas y diseñadores. Dejó su sello característico en los títulos de muchas películas, además de en pósteres, dossieres de prensa y logotipos. Bass no solo llevó una unidad visual a la promoción y publicidad cinematográficas, además alteró radicalmente el papel de los títulos de crédito, convirtiéndolos en una parte integral de la película y usándolos para establecer la predisposición de los espectadores desde los primeros fotogramas.
Entre sus numerosas creaciones destacan sus trabajos para Otto Preminger, Alfred Hitchcock, Billy Willer y Stanley Kubrick, y más recientemente sus colaboraciones con Martin Scorsese.
Kyle Cooper
Cooper es el único creador de títulos de crédito de las nuevas generaciones que ha llegado a adquirir un estatus más allá de la industria cinematográfica hollywoodiense. Sus trabajos son pioneros en la síntesis de muchas de las nuevas tecnologías, y ha sido el primer artista que ha sacado partido de las posibilidades digitales en este campo. Sus innovadoras ideas le han servido para crear numerosos títulos y diseños tanto para cine como para televisión, dos medios que sufrieron durante muchos años la poca flexibilidad de los gráficos.
Quizás la secuencia de créditos más recordada de este diseñador es la de Se7en (1995), que en ciertos sentidos fue responsable de despertar un nuevo interés en el diseño de créditos por parte de productores, directores, espectadores y estudiantes de cine y de diseño.
Podríamos decir que gracias a este diseñador los títulos de crédito volvieron a abrirse a nuevas perspectivas.